Los snacks son un delicioso bocado del que solemos disfrutar entre comidas. Papas o patatas fritas, frutos secos, rosquilletas, grissinis u otras variedades forman parte de nuestra alimentación, aunque sabemos que en muchos casos no son muy saludables. Pero nos gustan porque saben muy bien, nos sacian temporalmente el hambre y porque pocos pueden resistirse a darse un capricho de vez en cuando.

Además, hay diversos estudios que apuntan a razones psicológicas detrás de esta pasión por los snacks. Unos afirman que no solo nos atraen por su sabor, su aroma o su textura, su sonido también influye en nuestras preferencias. Nos gustan oir el crujido de la comida. Primero porque puede ayudar a reducir el estrés y segundo porque asociamos el crujido a una comida en buenas condiciones y que está fresca. Al parecer hay algo instintivamente atractivo en la comida crujiente. Ya sea una manzana, una zanahoria, unas rosquilletas o unas patatas fritas. Cuanto más ruido hace al hincarle los dientes más nos gusta.

Solamente la palabra crujiente, en cualquiera de los diferentes idiomas que existen, ya es sinónimo de alimento rico y apetitoso y ponerla en un producto es igual a un aumento de ventas. Un estudio de la Universidad de Leeds asegura que en un experimento realizado con sándwiches de bacon, que el bacon estuviera más o menos crujiente fue el factor determinante para valorar la calidad del sándwich.

Pero los snacks también nos gustan porque tienen algo de transgresor. Igual que nos tientan las bebidas azucaradas y los dulces, nos tientan los snacks. Disfrutar de un paquete de patatas fritas o de cualquier alimento no saludable es igual a darse un capricho en esta época en la que lo sano está tan de moda. Y aunque no nos aporten nutrientes ni beneficios nos generan placer. Aunque también es cierto que después aparece la culpa.

Por eso están triunfando los snacks saludables. Alimentos que te dan energía, ayudan a controlar el peso y no afecta a la dieta. Estos snacks tienen un bajo contenido en grasas saturadas y trans, muchas vitaminas, minerales y fibra. Así, además del aporte de energía, reducen el hambre con el que llegamos a las comidas principales y ayudan controlar las calorías que consumimos y a nuestro apetito.

Además los snacks, sean saludables o no, salvan muchas situaciones. Por ejemplo, si has organizado una cena con amigos, mientras esperas que lleguen todos, ¿qué mejor que ofrecer algo de picar con la bebida? De hecho, un estudio de la Asociación de Fabricantes de Aperitivos (AFAP) destaca que el 87% de los consumidores encuestados los considera el producto perfecto para amenizar reuniones con amigos o familia.

Y por último, otro motivo por el que nos gustan los snacks es por su rol sociabilizador y por cómo los tomamos. En muchas ocasiones asociamos picotear algún snack a un momento de relax o de ocio, en buena compañía y en una terraza al sol. O disfrutando (o sufriendo) con el partido de tu equipo favorito. O viendo una película con tu pareja. Momentos de placer compartido que saben mejor con unos snacks.

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