Llegas a la estación de metro y tu tren se acaba de ir. Tienes que esperar un rato hasta que pase el siguiente y se te ha olvidado el libro que estabas leyendo en casa. O estas en el centro de salud tienes que esperar a que te atienda el médico. Para hacer esa espera más agradable en Grenoble (Francia) han diseñado unas máquinas expendedoras de cuentos.

La idea surgió cuando cuatro apasionados de la literatura y tecnología crearon una comunidad virtual de literatura corta y nuevos talentos, Short Édition. Esta comunidad cuenta con más de 180.000 suscriptores y más de 10.000 autores que han encontrado en esta plataforma una oportunidad para que sus relatos se lean en las más de 70 máquinas que hay, principalmente en Francia y Estados Unidos, repartidas en estaciones de tren, aeropuertos, pero también en centros comerciales, bibliotecas, hospitales, centros sociales o residencias de la tercera edad. De hecho, el invento gustó tanto al director de cine Francis Ford Coppola, que instaló un dispensador en su café literario Zoetrope de San Francisco.

Estas máquinas funcionan de manera sencilla. No tienen pantalla, sino que cuenta con tres botones (de 1, 3 ó 5 minutos, según el tiempo que disponga para leer) y ofrece un papiro con un cuento o un poema al azar, entre los más de 5.000 autores y más de 250.000 historias. La lectura es gratuita y se pueden pulsar los botones las veces que se quiera.

No es el único ejemplo de cómo el vending fomenta la lectura, aunque sí que es el más novedoso. De hecho la primera máquina expendedora que existió fue una máquina expendedora de libros. Aunque no era una máquina tal y como hoy la imaginamos, en 1825 Richard Carlile, un editor inglés, lanzó esta expendedora de libros para poder vender textos prohibidos. Carlile la llamaba el invisible shopman (el comprador invisible), porque era importante que el proceso de compra fuese absolutamente anónimo, debido al problema que suponía vender y comprar esos libros.

Hasta 1937 no apareció la primera máquina expendedora de libros similar a las actuales. Fue en Charing Cross Road en Londres. En esas fechas también se puso en marcha la primera de Estados Unidos, la Little Blue Book vending machine, que obtuvo mucha popularidad entre los años 20 y 30.

Más tarde, en 1945, HarperCollins lanzó VendAvon, una máquina expendedora de libros populares. Repartió las máquinas en aeropuertos, hospitales y terminales de ferry y puso los libros a precios bajos. Y fue todo un éxito.

En la actualidad podemos ver esas máquinas expendedoras de libros en muchos lugares: estaciones de metro, aeropuertos, hospitales, centros comerciales… cada vez hay más gente que se siente atraída por este modelo de negocio. Por ejemplo, en Hamburgo, la editorial Automatenverlag decidió transformar las antiguas máquinas expendedoras de tabaco en máquinas expendedoras de libros, a un precio de cuatro euros y en edición de bolsillo, para promover la lectura de autores locales. Y los consumidores se muestran interesados en poder disfrutar de un buen libro y cada vez son más los que se acercan a ver qué títulos hay este mes en la máquina para comprarlos.

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